Gran Premio Enor 2007

Estadio de Fútbol de Palencia.

Palencia.

 

Francisco José Mangado Beloqui.

 

Colaboradores:

José M. Gastaldo. Koldo Fernández. Francesca Fiorelli. Enrique Jerez. Hugo Mónica. Ibon Vicinay.

 

 

Un campo de fútbol tiene una función fundamental y evidente: jugar a fútbol. Pero también tiene dos objetivos no tan obvios y no por ello menos importantes. El primero tiene que ver con el hecho de la representación. Un campo de fútbol se ha convertido en una pieza con ciertos valores icónicos para la ciudad. Se trata en cierta manera de un edificio que se ve no sólo por sus dimensiones cuantitativas, sino también por las cualitativas, por lo que encierra de “sueños ciudadanos”. El segundo es consecuencia de una pregunta obvia. Una superficie de las dimensiones de un campo de fútbol, que sólo se ocupa de una manera puntual ¿no resulta un desperdicio de espacio? La respuesta a esta pregunta es obviamente afirmativa.

 

 

La idea básica que ilustra esta propuesta, lleva hasta las últimas consecuencias el hecho de considerar un estadio más un edificio que una infraestructura. Un edificio que puede ser aprovechado para albergar otros usos, pero que, sobre todo, puede y debe intentar recuperar una vocación ciudadana. El proyecto propone un perímetro de oficinas u otros usos públicos diarios en planta baja, todos tratados como un gran “escaparate” urbano con acceso directo e inmediato desde la calle. Interiormente el estadio resulta ser un vacío sorpresa donde, además de jugar al fútbol, se podrán ver espectáculos públicos de índole diversa y variada.

 

 

El contexto en que se localiza la construcción, rodeado de viviendas, obliga, en coherencia con lo indicado, a apostar por esta condición de edificio y urbana de la propuesta. Lo estructural, la gran escala derivada del lenguaje estructural, pretende quedar oculta por el perímetro, por la fachada de aluminio perforado, que además de crear un diálogo rico en visiones entre el interior al exterior, recrea la apuesta por convertir el estadio en un edificio más de la ciudad, ciertamente grande, pero con voluntad de integración.

 

 

Las torres, necesarias para iluminar el campo, resumen el papel más simbólico. Iluminadas ellas mismas, como grandes minerales con voluntad escultórica, son vistas desde varios kilómetros de distancia, estableciendo un diálogo en la distancia, en el paisaje, con la catedral de Palencia. Adoptamos pues la apuesta por un estadio con voluntad urbana, sin abandonar su carácter festivo.

 

 

El estadio como no podía ser menos es claro en su concepción y funcionamiento. Los accesos públicos son directos desde la calle. Las grandes rampas de muy escasa pendiente, colocadas en las esquinas, se transforman en los accesos principales. El resto se distribuye en todo el perímetro de acuerdo a las exigencias de rápida evacuación. Un sistema de circulaciones paralelas y superpuestas según los diferentes niveles, permite resolver de manera independiente el uso del estadio, de las funciones deportivas, del de las oficinas.

 

 

 

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