Entrevista Héctor Fernández Elorza. Premio Enor Madrid

Entrevista a Héctor Fernández Elorza, Premio Enor Madrid por el Edificio de laboratorios y almacenes químicos de la Universida de Alcalá.

 

14 noviembre 2011

 

“Creo que los edificios deben tener carácter, expresar por sí mismos lo que son, sin necesidad de ponerles un cartel”

 

"En tiempos de gran escasez la arquitectura ha sido mejor por la capacidad de invención".


Héctor Fernández Elorza es Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y en ella ejerce como profesor del Departamento de Proyectos desde 2001.

Becado por la Unión Europea durante su etapa de formación estudio en el Darmstadt Institute of Technology entre 1995 y 1996, y en el Technical Royal Institute of Stockholm en 1998 donde continuó su formación de postgrado gracias a los fondos de la Fundación Marghit y Folke Perzhon en los años 1999 y 2000.

Fue Profesor Invitado de las escuelas de arquitectura de la Universitá Di Roma “La Sapienza” en Italia, la Architecture Nordostniedersachsen Universität, de Hamburgo, la Escuela de Arquitectura NTNU – Trondheim en Noruega, la Real Escuela de Arquitectura de Copenhague, la Escuela de Arquitectura de Innsbruck, la Fachhochshule de Colonia, la Universidad Católica de Rio de Janeiro, y la Escuela de Arquitectura KTH de Estocolmo.

En Junio de 2000 representó a España en la Bienal de Venecia de Arquitectura 2000. En Febrero de 2010 fue Comisario del Congreso Internacional de Arquitectura “Cien años aprendiendo de Roma” en la Real Academia de España en Roma, de la que fue becario para una estancia de investigación.

Entre su obra se encuentran el Barrio de San Juan en Zuera, en Zaragoza, los Laboratorios y Almacenes Químicos y la Facultad de Genética del Campus de la Universidad de Alcalá de Henares, el Centro Ecuestre de Oros Alto, Biescas, (Huesca) y el Centro de Documentación de Arquitectura Contemporánea de las Arquerías de los Nuevos Ministerios de Madrid.


Practica usted una arquitectura en solitario, en un tiempo que parece que existe la tendencia a formar estudios con varios miembros. ¿Hay alguna razón para ello o es pura coincidencia?

Creo que es una cuestión de carácter. Yo tengo un gran problema: me cuesta muchísimo delegar labores de estudio. No me gusta que alguien me dibuje un detalle. Prefiero dibujarlo yo. Tiene un inconveniente, que solo puedo hacer un proyecto a la vez. El mío es un estudio pequeño con una persona que me ayuda haciendo el trabajo más rutinario, como por ejemplo las copias. Pero los proyectos me los trabajo yo y voy a las obras cada dos o tres días.

 

Esto limita también el tamaño de los proyectos ¿lo hace por principio o por las limitaciones de su estudio?

Nunca me presento a concursos de proyectos mastodónticos. No podría atenderlos, cierto, pero tampoco me interesan, fundamentalmente por una cuestión de tranquilidad personal. Todos los proyectos que hice hasta ahora se encuentran en un entorno de tamaño y magnitud que me permite controlarlos en su totalidad. Esto no quita que puntualmente, que compañeros estructuristas o de instalaciones colaboren conmigo.

 

¿Influye en ello el hecho de que se dedique también a la docencia?

Yo concibo la arquitectura como una actividad, un mundo profesional desarrollado a tres bandas: el trabajo de estudio y a pie de obra, la docencia y la investigación. La docencia, realmente no me limita, puesto que me dedico dos mañanas. Entonces docencia y construcción son perfectamente compatibles. La investigación sí que limita más mi actividad puesto que hasta ahora he realizado ese tipo de labor por períodos en Escandinavia y en Roma. De hecho, los momentos de investigación han sido momentos de pausa en las obras actividades. El primero fue al terminar la carrera, por lo cual pude permitirme estar dos años con una beca de investigación y el más reciente fue hace cuatro o cinco años, cuando sentí la necesidad de dedicar más tiempo a la investigación y me fui a Roma durante un año, planteándome una pausa en mis otros dos campos de actuación.

 

¿Se nutren unas actividades de otras?

Sin duda. Por ejemplo, en la actualidad estoy recogiendo los frutos de mi período de investigación en Roma, en la Academia de España en mis proyectos.

 

¿En qué sentido?

Por ejemplo, por el material, por ceñirnos al proyecto con el que he ganado este premio. El acero galvanizado es un material a la vez barato y noble está llevado a sus máximas circunstancias como un proyecto de investigación, sacándole el mayor partido.

 

¿Cómo ha planteado la obra con la que ha ganado este premio, el edificio de laboratorios y almacenes químicos, con esa apariencia de edificio rotundo?

Este proyecto hay que entenderlo desde el problema que se planteó en la Universidad. Las distintas facultades de la universidad tenían todas ellas laboratorios potencialmente peligrosos que cualquier día les podían dar un disgusto, pues contenían productos químicos tremendamente explosivos. El reto que se me plantea es sacar esos laboratorios de sus emplazamientos y llevarlos a un edificio que sea capaz de mantener las condiciones necesarias de seguridad. De ahí surge esa rotundidad. Es un edificio que está cerrado sobre sí mismo con respecto a su entorno, de manera que si algún día existe un incidente o un accidente con los productos químicos potencialmente explosivos, ese problema no afectaría al entorno ni a los estudiantes que se encuentren en los alrededores. Ese es su principal objetivo. Luego, me interesaba también el carácter del edificio. De hecho, viendo esa caja hermética estás indicando con su aspecto que es un edificio en el que no ocurren cosas normales. Es un búnker y tiene que parecer un búnker.

 

No sólo se ha preocupado de que cumpla con su objetivo, sino que también se ha ocupado de que parezca un edificio que casi mete miedo.

En todos mis proyectos me preocupo por el carácter de los edificios que construyo. Me gusta que no sea necesario ponerles un rótulo en el que se diga lo que es, sino que prefiero que su aspecto ya defina cuál es su uso. Cuando hago una facultad me gusta que parezca una facultad y si construyo un edificio para laboratorios peligrosos, me gusta que su apariencia señale ya en sí que es un edificio en el que se realizan actividades peligrosas.

 

La elección del acero galvanizado ¿fue por razones del carácter del edificio o por razones del presupuesto?

El acero galvanizado es un material que me resulta muy atractivo y en este proyecto en concreto cumplía perfectamente con ese objetivo de darle carácter y al mismo tiempo resolvía un problema económico, ya que estamos hablando de un proyecto que tienen un presupuesto muy ajustado. El material está ligando todas las circunstancias del edificio: carácter, peligrosidad, necesidad de economizar en el presupuesto. Una de las razones que también me llevó a adoptar este material es su latencia, es decir, la capacidad que posee de cambiar de matices a lo largo del día, en la medida que cambian las condiciones de luz ambiente. Hay otros materiales que son inertes, que están muertos, que pase lo que pase no lo reflejan. El acero, en cambio, es un material vivo. Esa latencia del acero fue uno de los aspectos que aprendí en Roma y sobre los que escribí.

 

Esto demuestra que con presupuestos ajustados se pueden buscar soluciones más imaginativas.

A mí me gusta llamarles inventos. Esta es una invención. Además, creo que está del todo demostrado y hay muchos ejemplos que lo acreditan, que en tiempos de gran escasez la arquitectura ha sido mejor por la invención. Pienso, por ejemplo en la arquitectura española de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado que mostraba auténticos inventos. Me gusta hablarles a los alumnos de la bombilla de Sáenz de Oiza, que era una bombilla que estaba colocada en la mitad de un tabique para poder iluminar dos habitaciones. Eso es invención por carencia. O lo que hacía Alejandro de la Sota cuando daba “Liebre por gato”, es decir que por muy poco daba mucho porque buscaba, inventaba, soluciones adecuadas al presupuesto.

 

¿Obra pública o privada? ¿Alguna preferencia?

Trabajo tanto con promotores públicos como privados. No tengo ningún  problema al respecto, ni tampoco ninguna preferencia. Sí debo decir que las mejores experiencias las he tenido en proyectos públicos y que he tenido algunas malas experiencias en proyectos privados. Si no estaba convencido del encargo, no he  tenido ningún problema en decirle al cliente “muy buenas, tardes, encantado de haberle conocido” y recomendarle que lo contratase a otro arquitecto. Tengo que estar convencido y creer en el proyecto. Pero cuando me proponen cosas que atacan la columna vertebral de aquellos principios que yo tengo como arquitecto, prefiero  retirarme y no pasa nada.

 

Y respecto a los trabajos, ¿unos llevan a otros?

En ocasiones, sí. Pero cuando estás moviéndote en el terreno de la obra pública lo que prima es el concurso.

 

¿Qué proyecto tiene ahora entre manos?

Estoy acabando la facultad de Biología de la Universidad de Alcalá. Y estoy haciendo dos plazas en Zaragoza y para el Ministerio de Fomento estoy haciendo los proyectos de dos casas de la cultura muy pequeñas.

 

¿Los premios ayudan?

Al cliente le da igual el premio que ganes. El cliente no entiende de esas cosas, sino de que sea barato, bueno y si es bonito… pues mejor. Lo que les interesa a los clientes es la experiencia profesional que hayas  ido adquiriendo. Los premios producen satisfacción personal, la satisfacción por el premio y sobre todo por el reconocimiento de tus compañeros.

 

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