Entrevista rvr. Premio Enor Galicia

Entrevista al estudio rvr, ganador del Premio Enor Galicia por el Parque Arqueológico de Arte Rupestre en Campo Lameiro.

 

14 noviembre 2011

 

“Estos premios demuestran que hay mucha gente trabajando honradamente en el mundo de la arquitectura y la construcción”


"La parte más interesante no fue solo crear un edificio, sino su integración en la naturaleza y en el patrimonio arqueológico existente".

 

José Valladares Durán, Alberto Redondo Porto y Marcial Rodríguez Rodríguez forman el núcleo de RVR, un estudio de arquitectura con sede en Santiago de Compostela pero que desarrollan su actividad por todo el territorio gallego e incluso en otras localizaciones de España. Tres gallegos que se han formado en tres escuelas distintas: Alberto Redondo en Madrid, José Valladares en Barcelona y Marcial Rodríguez en A Coruña. Tras realizar distintas colaboraciones conjuntas, el proyecto con el que ganan este premio, cuyos primeros antecedentes datan de 2002 es el que los consolida como un estudio de arquitectura que, a lo largo de la pasada década ha destacado por sus intervenciones en proyectos vinculados con el patrimonio arqueológico, monumental y natural de Galicia. La entrevista se desarrolla con los tres que contestan, casi de común acuerdo a las preguntas, como si fuesen una sola voz.


¿Cómo fue vuestra actuación en Campo Lameiro, un espacio que nos remonta a un hábitat ocupado hace treinta siglos por lo menos?
Entramos allí de una manera intuitiva. Nos encontramos en un espacio muy degradado. Eucaliptos, maleza… era casi como una jungla. Además, el emplazamiento en el que teníamos que construir era el que estaba más tocado porque había incluso un campo de fútbol. Lo que queríamos era, por un lado, conseguir que el edificio que teníamos que construir se integrase en aquel espacio y al mismo tiempo fuese capaz de transmitir a los visitantes que llegasen a él alguna de las percepciones que podían tener quienes hicieron los grabados. Percepciones no visuales. Pensábamos en percepciones táctiles, sonoras, la percepción del espacio a través de eco… sentidos evocadores que tenemos ahí dentro pero que no percibimos habitualmente.

 

La intervención en Campo Lameiro fue más allá de la construcción de un centro de interpretación, fue una actuación en todo el parque rupestre ¿Cómo se desarrolló ese proceso?
Tal vez la parte más interesante de nuestro trabajo fue esa, precisamente. No solo crear un edificio sino la integración de ese edificio en la naturaleza y el patrimonio arqueológico existente. Ese trabajo, sobre el parque viene de un conocimiento paulatino del lugar. No desde una perspectiva apriorística, sino del conocimiento sobre el terreno, a base de pasear, de conocer sus pequeños microclimas, de las especies vegetales, de las zonas húmedas, de las zonas secas, y de los propios petroglifos que, tal como nos contaban los arqueólogos eran en sí mismos, hitos de referencia territorial.

 

En vuestro historial ya hay un amplio catálogo de trabajos realizados sobre elementos del patrimonio arqueológico, histórico y natural de Galicia ¿Es una de vuestras señas de identidad, una de vuestras preferencias?
Hemos hecho el plan especial del Castro de Baroña, trabajamos también en el acondicionamiento del entorno del faro de Fisterra… la verdad es que es un tipo de actividad que nos interesa mucho y lo cierto es que en muchas ocasiones enfocamos la mirada hacia ese tipo proyectos, incluso a la hora de presentarnos a concursos. Pero no es nuestra única actividad.

 

¿Cómo os organizáis en el estudio? ¿Cómo es el reparto de las parcelas?
Nos repartimos el trabajo entre nosotros, no hay una especialización específica para cada uno. Lo que sí es cierto es que proyectos como este de Campo Lameiro requiere contar con otro tipo de profesionales, como arqueólogos, geógrafos, biólogos, etcétera, cuya participación es importante, yo diría que imprescindible, en campos en los que nuestra mirada como arquitectos puede resultar más limitada.

 

Cada uno de vosotros es de una ciudad, ¿habéis elegido Santiago para emplazar vuestro estudio por alguna razón especial?
Empezamos colaborando no ya solo nosotros, sino con otros compañeros de profesión y de quinta. A veces surgían trabajos en los que unos echaban una mano a otros, y así fue surgiendo una relación más estable que, finalmente se concretó en nosotros tres porque fuimos quienes de alguna manera mantuvimos una mayor relación. Es más, este proyecto de Campo Lameiro fue el que nos unió definitivamente, cuando lo comenzamos en 2002.

 

¿Cómo veis la situación actual?
Lo que nos llena de coraje es que se hable de España o de Galicia como de una tierra de piratas. De gente que ha estado abusando de una posición que no tenía que ocupar. Y estos premios lo demuestran, hay mucha gente que está trabajando honradamente, no solo como arquitectos, también dentro del ramo de la construcción. Empresas que han apostado por la innovación, por el trabajo bien hecho y que parece que estos tiempos se llevan por delante todo, como si se asociase la construcción y el ladrillo a algo oscuro.

 

¿En qué estáis trabajando ahora?
Estamos haciendo un plan especial del parque arqueológico de A Rocha, en Santiago, ligado a cuestiones como el patrimonio y la naturaleza. En ese sentido tiene semejanzas con nuestro trabajo en Campo Lameiro.

 

¿Alternáis obra pública y privada, predomina una de ellas sobre la otra, mantenéis la misma filosofía de trabajo en ambas…?
No tenemos una disposición específica hacia una u otra opción. Nos presentamos a concursos de obra pública pero también hacemos obra privada, fundamentalmente viviendas unifamiliares. No nos inclinamos hacia las grandes promociones, al margen de que estos no son tiempos para grandes promociones. Y en cuanto a nuestra forma de trabajar, nuestra sensibilidad frente al proyecto es siempre igual, sea obra pública o privada. En ese sentido nosotros no tenemos una “caja B” en cuanto a modo de actuar. Nos movemos siempre con el mismo pensamiento: la atención a las necesidades del cliente que nos hace el encargo y la atención al territorio donde ese encargo se materializa. Y más en Galicia donde siempre, proyectes donde proyectes, hay alguna obra, algo construido antes. Y hay que tenerlo en cuenta.

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