Entrevista ASPA. Premio Enor Portugal

Entrevista a José María Cumbre, miembro de ASPA, estudio ganador del Premio Enor Portugal por Bar en el Jardim 9 de abril en Lisboa.

 

14 noviembre 2011

 

“En Portugal mucha gente ve la figura del arquitecto más como un lujo que como una necesidad”


"Para poder vivir tengo que diversificar mi actividad profesional y compartir la arquitectura con otras labores como dar clases".

 

El premio Enor al mejor proyecto de Portugal es un auténtico paradigma hacia una forma de enfocar la arquitectura en la que la clave del éxito estriba en que la obra resultante pase lo más inadvertida posible. Se necesitan dos cualidades que no siempre viajan juntas, ingenio y humildad, para minimizar tanto como sea posible el esfuerzo creador empeñado en realizar la tarea. José María Cumbre nació en Lisboa, en 1980 y la obra con la que acaba de ganar el premio Ascensores Enor de Arquitectura se encuentra en Lisboa, un bar en el Jardín 9 de Abril, y al mismo tiempo en la cubierta de un edificio industrial. Su permeabilidad y transparencia han servido para dar mayor visibilidad a un entorno y una panorámica que condicionaba seriamente el proyecto.

 

¿Cómo fue la génesis de este proyecto tan singular como es hacer una obra sobre un edificio que ya estaba hecho previamente?
Fue un proyecto que comenzó en 2008. Una de nuestras preocupaciones desde el inicio fue intentar preservar las relaciones de las vistas, del paisaje, todas las permeabilidades entre las vistas que permitía ya el jardín con las vistas al Tajo. Nuestro encargo era la realización de un proyecto sobre la cubierta de un edificio y dado todo ese entorno existente, nuestra primera premisa fue intentar crear un objeto que tuviese la menor presencia posible, que pasase inadvertido. Por esa razón, los elementos más sólidos, que son concretamente los dos cuerpos formados por la cocina y los aseos, fueron recubiertos de espejo y para evitar que existiese una idea de límites, en los volúmenes, eliminamos las aristas, redondeamos los perfiles de modo que no hubiese percepción de cuerpos definidos.

 

¿Por qué ese afán de mimetizar esa construcción?
Fundamentalmente por dos razones. La primera ya la comenté antes, intentar que esta intervención sobre un edificio existente no perturbase las relaciones con los elementos paisajísticos existentes y en segundo lugar que este añadido no se convirtiese en un elemento que entrase en conflicto con una estructura arquitectónica tan definida como es el edificio sobre el que se instala. Estamos hablando de un edificio industrial, con unas características específicas. Así que nuestro reto fue cumplir el programa que se nos había encargado, que fue la construcción de un bar, y hacer que ese bar no generase un volumen que lo hiciese destacar.

 

¿Es más complicado trabajar en una obra sobre un edificio ya existente que cuando se hace un proyecto de nueva planta?
Es más complicado, ciertamente. Pero la verdad es que una vez metidos en este trabajo, el resultado al que llegamos fue el que nos pareció más natural. Todas las relaciones de permeabilidad, de transparencia, estaban presentes en nuestra manera de enfocarla desde el primer momento.

 

Construir en Lisboa, una ciudad tan emblemática, tan plagada de iconos arquitectónicos, tan monumental, ¿no se plantea como un reto, como un desafío?
Es cierto que a veces cuando encaras un proyecto en una ciudad como Lisboa sientes una primera tentación de realizar algo que quede como un edificio o una obra llamada a perdurar y a convertirse en un elemento más del paisaje de Lisboa. Pero luego lo afrontas desde otra perspectiva. Lisboa es una ciudad especial, una ciudad con mucha luz, y yo lo que pretendía era que esta obra se pudiese integrar, más que llegase a destacar. De alguna manera queríamos que se convirtiese en una intervención neutra y que realzase más esas cualidades paisajísticas de la propia Lisboa desde las alturas.

 

¿Es difícil ser hoy día arquitecto en Portugal, vivir siendo arquitecto en Portugal?
Es muy difícil. Para poder, no ya vivir, sino sobrevivir, tengo que diversificar mi actividad profesional y compartir la arquitectura con otras labores como dar clases. Y no hablo de dar clases de arquitectura, sino de informática a niños. Pero prefiero que sea así, y garantizarme mi subsistencia por otros canales, para poder hacer después la arquitectura que yo quiero. Prefiero trabajar en otras cosas para poder hacer la arquitectura que a mí me gusta. La arquitectura no es una profesión. Es un modo de ser, de ver la vida, es una vocación. Y hay una complicación adicional al hecho de ser arquitecto, que es ser arquitecto en Portugal. En Portugal ven al arquitecto no como una necesidad, sino como un lujo. Te pagan mal, pero siempre piensan que te están pagando mucho.

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