Entrevista Daniel Díaz Font. Premio Enor Castilla-León

Entrevista a DMG Arquitectura, estudio formado por Daniel Díaz Font y Belén Martín Granizo, ganador del Premio Enor Castilla-León por el Aulario de la Facultad de Biología y Ciencias Ambientales en León.

 

14 noviembre 2011

 

“La arquitectura no está en el dinero sino en saber utilizar lo que hay”

 

"Nos encontramos ante un proyecto muy comedido, sin excesos, que trata de sacar el mayor partido de todos sus elementos".


Belén Martín-Granizo y Daniel Díaz Font obtuvieron el premio Ascensores Enor de Arquitectura Castilla León por el Aulario de la Facultad de Biología y Ciencias Ambientales de la Universidad de León. Sencillez, sobriedad, economía y coherencia son algunas de las cualidades que el jurado destacó a la hora de concederle el premio a esta pareja de arquitectos que conforman el estudio DMG Arquitectura de León. Daniel Díaz Font, nos explica las claves para entender su trabajo.

 

¿Cómo fue el origen de este proyecto?

En verdad que todos los proyectos tienen historias muy particulares y éste no es menos. En otras ocasiones habíamos tenido más capacidad de movimiento o de proponer arquitecturas. Sin embargo en este caso que era un concurso para la Administración con la que ya habíamos trabajado y habíamos podido desarrollar propuestas más holgadas, cuando indicamos que nos íbamos a presentar, nos dejaron muy claro que para este proyecto no habría dinero para ningún tipo de “excesos”, ya que eran unos remanentes de fondos FEDER y no cabían soluciones que luego dieran lugar a incrementos presupuestarios. Supusimos que íbamos a ser acogidos de manera “regular” por decirlo de modo discreto, precisamente por esos antecedentes en los que sí hubo luego modificaciones presupuestarias, y optamos por presentar un proyecto basado en un concepto de edificio que ya habíamos realizado y que era el más barato que habíamos hecho en nuestra carrera. Una solución ya constatada porque se basaba en un tipo de construcción que ya habíamos planteado en un edificio que ya estaba terminado. Este fue el germen. Es un concepto constructivo que utiliza materiales muy propios para la arquitectura educativa porque son robustos, son económicos, muy sencillos y que en este caso adoptaban una configuración nueva, específica para este proyecto. Aquí se juntaron, por un lado esa exigüidad de medios y una propiedad que estaba muy encima nuestra vigilando que no nos pasásemos en ningún momento en el presupuesto. Al final nos encontramos con un proyecto muy comedido, sin excesos, que trata de sacar el mayor partido de todos sus elementos.

 

Al final ese comedimiento se convirtió en una cualidad. ¿No es cierto?

Es cierto que al final aquí había decisiones básicamente económicas que promueven el desarrollo de una estructura muy racional y muy baratita que había que encajar muy bien con el proyecto para que no fuera ningún inconveniente, pues hay muy pocas luces pese a ser aulas, en las que se necesitan espacios diáfanos y luego materiales particularmente económicos como es la chapa galvanizada directa sin tratamiento que al final la utilizamos como un recurso característico del edificio y es lo que le da la imagen y la expresividad al edificio.

 

¿Ya os preocupaba la economía de medios antes de llegar a este proyecto?

Castilla y León siempre ha sido una comunidad muy austera, muy sobria, muy recia, que no le gusta nada las veleidades, que maneja presupuestos muy escasos. Y como nosotros nos hemos movido básicamente en el ámbito de la arquitectura docente nos hemos visto imbuidos de esa filosofía de la precariedad. Y por otro lado, la arquitectura no está en el dinero sino en saber utilizar los medios que hay. Antaño, estos medios y estos materiales eran más comunes. Y la verdad es que poder tener ahora unos paneles de doce metros de chapa galvanizada que te cubren toda la altura y que te permiten revestir todo el edificio es una solución fantástica.

 

¿Trabajáis más para la Administración que la obra privada?

La verdad es que hasta ahora hemos trabajado más que nada para la Administración y por concurso. No hemos cultivado nada la promoción privada.

 

¿Qué ventajas veis en el trabajo público?

Partiendo de la base de que, por lo general pagan mucho mejor los promotores privados, precisamente por lo que había comentado antes, lo cierto es que la obra pública da otra libertad a la hora de plantear los proyectos. El cliente público pone en tus manos los destinos del proyecto. Fija una serie de criterios, pero a partir de ahí, como arquitecto eres dueño y señor de todas las decisiones relativas al proyectos. Y eso para el arquitecto es la situación ideal, porque te permite desarrollar aquella arquitectura en la que crees.

 

Trabajas en equipo con Belén Martín-Granizo y se da la circunstancia además de que sois pareja más allá de lo profesional ¿Tiene más ventajas o más inconvenientes?

Es algo muy común en la profesión y creo que hay de todo. Desde quienes lo llevan bien a quienes se han separado profesionalmente y como pareja. En nuestro caso hemos llegado a complementarnos, teniendo cada uno nuestras propias áreas. Se consigue hacer un equipo complementario muy productivo. Creo que es mucho mejor que trabajar en solitario. La discusión, el poder compartir, intercambiar criterios, son cuestiones muy importantes.

 

Ahora que Belén está volcada a su actividad política como concejala en León, ¿supone un perjuicio para el trabajo del estudio?

No estamos vinculados a partidos políticos. Pero cuando Belén aceptó el reto, lo hizo más porque buscaban un perfil técnico que por una cuestión política y sí, es algo que hablamos los dos y que decidimos entre los dos. En cuanto a que cause perjuicios al estudio, es cierto. El hecho de que ella esté trabajando ahora desde la Administración nos cierra puertas. Es una decisión que hemos tomado a costa de un sacrificio personal y del estudio y, desde luego en León no vamos a trabajar. Por otra parte, como estamos acostumbrados a trabajar mediante concursos, lo que seguiremos haciendo, o en este caso más yo, pues ella está totalmente volcada a su tarea política, será abrir nuestro campo de actuación a otros territorios más allá del espacio en el que solíamos movernos hasta ahora.

 

A parte de la contención económica de vuestras obras, ¿se plantea también la sostenibilidad?

Siempre hemos tenido esta preocupación. Es cierto que no siempre de una manera sobresaliente, pero sí que tratan de incorporar distintas estrategias que mejoran la respuesta de los edificios frente a la eficiencia energética, la sostenibilidad y la confortabilidad.

 

Háblame de cómo ves la crisis. En tu caso, además, te pilla en mitad de tu carrera profesional. ¿Está todo tan complicado?

Durante la gala de los premios he visto declaraciones muy optimistas, muy de querer mantener el tipo. Pero lo cierto es que esta crisis es espeluznante, especialmente en el campo de la arquitectura. He visto compañeros, con sesenta y tantos años que se están planteando seriamente colgar la gabardina y el compás. En mi caso, y de los que tenemos todavía veinte años de carrera por delante no nos queda más remedio que repensar nuestra manera de enfocar la arquitectura. En ese sentido es un reto muy interesante, pero al mismo tiempo es preocupante. También es cierto que nosotros somos de una generación que cuando empezó también vivió una crisis, la de los primeros años noventa, que, de alguna manera, nos sirvió para acomodarnos a un modo de trabajar y de vivir con muy pocos gastos, así que tampoco nos pilla de nuevas.

 

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