Gran Premio Enor 2020 ex aequo

Campo de fútbol A Gandareira. S.D. Bandeira

Bandeira, Manduas. Silleda, Pontevedra

Abraham Castro / Carlos Pita

 

Equipo:

Jose Carlos Iglesias (arquitectura), Manel Perez (arquitectura), Monica Balado (arquitectura técnica), Fran Carballo (estructura), Daniel Hermosilla (Rodiñas) (prefabricados)

 

Fotografías:

Juan Rodríguez
Abraham Castro
Carlos Pita

 
 
 

«Un vuelo matinal de palomas saluda a los sólidos muros que enseñan geometría al aire, y a todo el valle»
–Viajes por Galicia. Álvaro Cunqueiro
 
 
Geografía y paisaje
El Campo de Fútbol de A Gandareira se ubica en el límite del casco urbano de la Villa de Bandeira, Concello de Silleda, en ese espacio indefinido entre lo rural y lo urbano, en esa geografía dispersa, que tanto caracteriza al hábitat gallego.
 

Una pieza anónima, sin partida de nacimiento ni autor, inmersa en la atemporalidad del propio paisaje rural gallego al tiempo que actúa de límite de una urbanidad que avanza irremisiblemente, si bien ahora en un desconcertado letargo.
 


 

Equipamiento público
Construido para cubrir las necesidades de una modesta sociedad deportiva local, que compite en todas las categorías de fútbol base regional, se propone como un equipamiento público de bajo coste y mínimo mantenimiento, que trata significar al lugar dotándolo de orden e identidad.
 

La geometría y la gravedad como únicas herramientas para lograrlo. Verdadero monumento, siguiendo la definición de Octavio Paz, ya que ordena y significa el espacio en que se inscribe. Una manera decidida y firme de postular la poetización de los espacios y tiempos comunes de las gentes de la comarca.
 


 
 
Construcción
Partimos de una arquitectura objetiva, concreta, alejada de la inspiración, de la auto expresión, que implica como valor la honestidad y la ética del material. Esto es, de su propia construcción. Una arquitectura de gran carnalidad, sin detalles. Donde los acabados son consecuencia misma de los procesos constructivos.
 

 

 
Arquitectura necesariamente realista, sin resabios, ajena a todo fetichismo. Apenas dos acciones de proyecto: la delimitación de un recinto siguiendo la medidas reglamentarias y la ubicación de las gradas y los vestuarios en una pieza semienterrada de muros de hormigón in situ, de gran inercia, en la que se apoya por simple gravedad una cubierta de vigas pretensadas en «T» invertida. Una construcción absolutamente arquitrabada, un castillo de naipes en puro equilibrio que quiere ser lugar. Un lugar donde jugar al fútbol sea una fiesta.
 

 

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